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Un viaje a lo desconocido

Un viaje a lo desconocido

PUNTO SUR

No tengo nombre porque no lo necesito. Mi amo me llama simplemente mosca y no necesito mayor identidad. Mi cometido es ver y oír, e informar sobre ello. Hay mucho que ver y oír en Punto Sur, pero no todo le interesa a mi amo. La ciudad es la mayor base naval del Patriarcado en el Mar Interior, y hay muchos a los que les gustaría destruirla, corromperla o dominarla. Mi amo tiene un compromiso con la Justicia, y daría su vida por ella, pero de momento observa y deja hacer.

En Punto Sur todo parece estar en orden. El culto al Navegante controla el puerto y la armada, mientras que los servidores del Juez rigen la ciudad desde el templo y la ciudadela. Los puntosureños acatan sus quehaceres temerosos de la Justicia, y los que no lo hacen pasan a engrosar los barracones de esclavos que se alzan extramuros. Pero hay mucho que observar. Un cáncer amenaza con pudrir el Patriarcado desde dentro: los laicistas. Campeones de la Ley que planean arrebatar el poder a la Iglesia, restablecer la nobleza y fundar una monarquía. Un centinela del Patriarca, Secundo el Tizón, llegó a la ciudad hace unos meses y desde entonces ya ha arrestado a sus líderes y descubierto a muchos de sus miembros. Con nuestra ayuda. Son grandes noticias, pero mi amo se muestra inquieto. Hay algo que lo atormenta. Me pregunto qué será.

ARROJO

Las gentes de Arrojo siempre nos han venerado. Nos han ofrecido comida, utensilios y herramientas. Y sobre todo nos han respetado. Pero no nos engañemos, nosotras siempre les hemos dado más. Arrojo es un pueblo pequeño, pobre, dependiente de los montes para la leña, la caza y el arroyo que mueve sus molinos y les da pesca y riego. Hace siglos le dieron la espalda a Kamin y abrazaron a los dioses huecos, pero todavía recuerdan a la madre de todo, a su hijo Arborrel. Y a nosotras, que somos las hijas y las esposas de este.

Pero nuestra paciencia tiene un límite. Cuando llegó el nuevo sacerdote, el miedo hizo que se olvidaran de nosotras. Y ahora, cuando un grupo de bandidos ha llegado a los montes y ha comenzado a matar a sus hombres y violar a sus hijas... ahora es cuando nos recuerdan. Pero es tarde, porque el bosque contempla indiferente cómo se derrama su sangre.

MIYU

¡Bienvenidos a Miyu! Mi nombre es Geke y seré su guía mientras dure su estancia. Le seré útil; Miyu es una ciudad populosa y desordenada, sin murallas, donde no queda claro donde empieza y termina nada, y con algunos barrios muy peligrosos para extranjeros como ustedes. Cuando llueve, lo que ocurre a menudo, y las calles se inundan de cieno, hay que saber elegir en que porche refugiarse. También hay que saber tratar a la guardia, que es un poco singular. Pero no teman. Miyu es un lugar de concordia. Es la única ciudad de Imanguk, y el único lugar donde todos los clanes colaboran y gobiernan en común, a través del Consejo. Oh, el Consejo es muy interesante. De Miyu salen azúcar, arroz y esclavos hacia todas las Tierras Quebradas, y no hay clan que no quiera tener la mano metida en la tinaja de oro. ¡Mientras la tienen allí, no la tienen en el hacha!

Los dioses también se dan la mano en Miyu. Vodar, Tepel, Visdu y Kamin tienen aquí sus templos, y los miyuenses los adoramos con devoción. Oigan esa música, esos cantos, es una procesión que se dirige al cauce del Mieto a mostrar su fe en Vodar. ¡Incluso el Consejo permite graciosamente un templo de la Ley en la ciudad! Para que los extranjeros como ustedes no se pierdan sin la luz de sus Señores Blancos. Aunque eso se puede acabar muy pronto. Se cuentan cosas perversas de ese lugar. ¡Ah! Y desde lo alto, en aquella colina, los Antepasados nos observan. Allí se encuentra un santuario antiquísimo, con numerosas reliquias. Esta es su ciudad, de modo que les aconsejo que, en algún momento, vayan allá a presentarles sus respetos.

LA JUNGLA

Paulo Bocaferro nos lo enseñó todo. Cuando a nuestro poblado le puso de nombre Justicia, también tuvo que explicarnos qué era, porque nosotros no sabíamos nada. Nos enseñó a arar el campo, a hacer canales para regarlo, a criar cerdos y esos animales que trajo, y también a trabajar la madera y el metal, y alzar estas casas. El templo fue lo más costoso, nos llevó mucho tiempo, pero cuando estuvo en pie se convirtió en un símbolo de lo que éramos capaces de hacer.

Pero costó mucho, al principio, cuando Bocaferro vino a hablarnos de la Ley, muchos no lo comprendían, aunque él conocía nuestro idioma. Afur, nuestro chamán, siempre quiso que lo expulsáramos o lo matáramos. Pero Bocaferro siempre sabía qué decir y qué hacer para mostrarnos la razón de sus palabras. Afur dijo que este hombre blanco traía con él la servidumbre, que nos convertiríamos en sus esclavos, y esclavos del trabajo que nos enseñaba. Que las ruinas de Ghu-Hoch, la ciudad que cayó, es la muestra de lo que sucede a quienes se arrodillan ante los dioses.

Pero el chamán se marchó, y muchos se fueron con él, y los que quedamos fundamos Justicia. Bocaferro nos enseñó su lengua, y a rezar a los Señores de la Ley, y a mí me puso Laura de nombre. Cuando el templo fue alzado, yo me encargué de limpiarlo y mantenerlo, y de cocinar y limpiar para él, y encargarme de todo lo que necesitara. Ahora Bocaferro ha desaparecido, y Afur, aliado con otras tribus, nos ha declarado la guerra. Dice que los Antepasados nos castigarán por nuestra traición. Acaricio mi vientre, donde está su hijo, y me pregunto qué será de nosotros.

DHUNG-HOCH

Toda mi vida he tratado de hacer lo que debía. Y el deber me llevó lejos. Seguí la llamada del Juez hasta la jungla, y allí encontré su templo. La cuestión es si este era mi deber o he sido manipulado. ¿Pero es posible que la representación de la justicia sea injusta? Estas son mis dudas mientras mi cuerpo muere aquí dentro, inmóvil, a medida que este ser, el único habitante de Dhung-Hoch, me quita la vida.

Si llegar a este mundo, lejos de la Tierra, era mi destino, entonces algo ha fallado, porque mi destino no puede ser morir ahora, sin motivo. Mi existencia tiene que tener un sentido, pero ¿cuál? Resulta evidente que quienes construyeron Ghu-Hoch, levantaron Dhung-Hoch y trataron de expandirse hasta este plano, bajo la luz de sus dos soles, y convertirse en un imperio interplanar. Pero el Caos los siguió hasta aquí, y ahora esta ciudad es un mar de ruinas, salpicada de extraños artefactos, donde mora algo que no puedo entender y cuyo recuerdo todavía hace que me estremezca. Me pregunto qué verá en mí quien encuentre en un futuro esta tumba de cuarzo, si a un incauto o a un héroe.