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Las religiones en Tierras Quebradas

Las religiones en Tierras Quebradas
En las Tierras Quebradas todas las religiones comparten una misma cosmología, y comprenden el universo de la misma forma, es solo su posicionamiento a favor de unas fuerzas u otras lo que divide la fe de la humanidad. El papel de los dioses en el mundo no es únicamente espiritual o normativo: los señores de los mundos superiores anhelan la conquista de la Tierra, e intervienen activamente para defender sus agendas. De hecho, el conflicto que enfrenta a las naciones de las Tierras Quebradas no es más que una traslación de la lucha eterna que, a mucha mayor escala, libran entre sí los panteones de la Ley y el Caos.

LA LEY

Los dioses de la Ley trajeron la civilización a las culturas bárbaras del Continente Central, que después se desarrollaron hasta dar lugar a la entidad política que hoy se conoce como el Patriarcado. Representan el progreso y la racionalidad, el dominio del ser humano sobre la oscuridad y la naturaleza, y patrocinan facetas de la civilización como la agricultura, la legislación, la moneda o la familia. La Ley ensalza lo previsible, lo ordenado y lo regulado. Considera que solo hay un camino correcto, y que hay que esforzarse por encontrarlo.

Hay, sin embargo, dos visiones. En el Patriarcado se impone la Ley ortodoxa, en la que se ensalza el papel de la obediencia y las jerarquías, y que justifica el sistema teocrático que rige el país. Desde su punto de vista, las desigualdades sociales o la miseria son problemas menores, pues la conservación de la estructura de poder es mucho más importante.

En las repúblicas de Tres Valles y de Puerto Libre, sin embargo, la Ley se entiende de forma liberal, lo que significa que el credo no justifica el autoritarismo. Al contrario, se confía en la capacidad del ser humano para ordenar la sociedad de forma racional, lo que precisa de diálogo y participación. Al mismo tiempo se expresa cierta tolerancia hacia otras religiones no caóticas o incluso hacia las artes mágicas.

EL CAOS

El Caos es lo imprevisible, y por tanto representa la indefensión del ser humano ante el mundo. Es una fuerza oscura, terrible, que puede dar lugar a increíbles maravillas o a indecibles horrores. Adorar al Caos equivale así a aplacar al mal para que nos absuelva y se cierna, en cambio, sobre nuestros enemigos. Los dioses del Caos patrocinan la hechicería, la innovación y la imaginación, y todos tienen múltiples facetas e interpretaciones. Su culto diverge en tres grandes ramas.

La primera es la propia del Imperio Escarlata, donde se venera al Caos en su aspecto más perverso. Para los seguidores de la Dama, todo está permitido, siempre que se tenga la fuerza para imponerlo, de modo que se acaba justificando la crueldad y la degeneración moral. El Caos es su monstruoso patrón en la guerra contra la Ley, y les proporciona poder a cambio de su servidumbre.

En Frondas y Leonis predomina la acepción conocida como el Caos rampante, que ensalza la libertad del individuo a la hora de imponerse sobre las normas sociales, las leyes o cualquier otra atadura que lo limite. Existe una moral y unas reglas de comportamiento, solo que hay momentos en los que alguien puede saltárselas. Estas culturas aprecian la fuerza bruta y el poder físico, pero también el valor, la pasión y la imaginación. Entienden el Caos como un aliado y una fuente de fuerza e inspiración, pero no se abandonan a las abominaciones que este inspira.

Por su parte, en Merendrak y en la ciudad frondana de Excelsa, se profesa el llamado Caos místico. Los señores de la Entropía son para ellos guardianes de los misterios del universo, de forma que, siguiendo sus enseñanzas, y explorando las sutilidades del confuso Caos, sus almas pueden avanzar en conocimiento, elevarse y desarrollar sus espíritus. Mientras que la Ley propone una comprensión del mundo basada en la racionalidad, ellos buscan verdades en las paradojas del alma humana.

LOS SEÑORES ELEMENTALES

Si los dioses de la Ley y del Caos pugnan por el Multiverso a mayor escala y son, en cierto modo, intrusos en la Tierra, los señores de los elementos son los dioses nativos del mundo, los que ofrecieron consuelo y protección a la humanidad en sus primeros momentos, y quienes patrocinaron, hace ya más de dos mil años, la extinta civilización de los Caídos.

Los dioses elementales rigen sobre la materia y la naturaleza, son el alma de los mares, las montañas, los bosques, las tormentas o los incendios. Habitan en el sol y la luna, en las cavernas y en las colinas. Su culto fue desplazado, pero todavía pervive de forma clandestina en las zonas rurales del Patriarcado, y coexiste en Frondas, Leonis y Tres Valles con el Caos o la Ley. También se les adora entre los austeros, los esteparios y los imanguke.

Estas deidades son cuatro, una por cada elemento, y representan el equilibrio entre el hombre y las fuerzas naturales. Si el ser humano los respeta y venera, serán propicios y ofrecerán alimento y alivio, de lo contrario serán inclementes. Es por ello que su culto es más fuerte en las zonas más rurales y alejadas de la civilización, donde la dependencia del hombre respecto al medio es mucho mayor.

Puerto de Salinas. Ilustración de Daniel Puerta.

OTRAS RELIGIONES

Diversas fes de menor importancia completan el panorama religioso de las Tierras Quebradas.

  • El Equilibrio. Los merení y los merenomi veneran al Equilibrio Cósmico o Balanza de una forma que a veces recuerda más a una filosofía que a una religión propiamente dicha. Sus templos son centros de discusión y conocimiento, y sus sacerdotes son filósofos que ofrecen ayuda, consejo y consuelo en materia espiritual e intelectual. Sus principios sitúan al ser humano en el centro de todo, y rechazan que se sitúen por encima otros principios e ideales. Según su credo, el Caos y la Ley deberían ser instrumentos para lograr la felicidad de los hombres y no al revés.
  • Los antepasados. Dos pueblos que descienden de los Caídos: los imanguke y los bosquimanos, veneran a sus antepasados como a dioses, como una especie de resabio de su pasada grandeza. Su modo de vida y normas sociales derivan, según su visión, de la voluntad de estos espíritus.
  • El sincretismo. En la isla de Templanza, sus habitantes rinden culto al mismo tiempo a la Ley y al Caos, sin ver en ello ninguna contradicción. De la misma elasticidad que el espíritu de estas gentes, el sincretismo se adapta a las necesidades de sus adoradores, que concibe a los dioses de una forma esencialmente pragmática. Para cada necesidad hay un dios que la cubre.
  • Baaler. Uno de los señores de los Mundos Superiores, Baaler, pertenece tanto al panteón del Caos como al de la Ley, jugando en ambos el papel de una especie de bufón, un espíritu crítico y bromista. El pueblo de los gitanos, que vaga por el Continente Central, es seguidor de esta voluble deidad.
Entrevista de "En 5 minutos rol" a Carlos Ferrer sobre "Tierras Quebradas".