CARGANDO

Blog

Historia de las Tierras Quebradas

Historia de las Tierras Quebradas
En el alba de los tiempos los territorios que hoy comprenden las Tierras Quebradas eran habitados por comunidades humanas primitivas. Vivían al límite de la subsistencia y adoraban a los Señores Elementales y a sus servidores, los espíritus del agua, la tierra, el aire y el fuego. Sucedió, sin embargo, que en el Continente Sur, una flamante civilización se alzó y extendió por el mundo. Eran sabios y poderosos, pues escuchaban las enseñanzas de los dioses de los elementos, y dominaban por igual las artes naturales y la magia. Por desgracia, en su afán de saber, y según el mito, abrieron por error las puertas de la Tierra a los dioses del Caos y de la Ley. Sometidos a los caprichos de estas entidades, involucrados inocentemente en su interminable guerra, esta civilización sufrió un cataclismo y desapareció. Es por ello que ahora se les conoce como los Caídos. En su antiguo país crece ahora una jungla, y la vegetación cubre las ruinas de sus ciudades.

Es desde entonces que los panteones del Orden y la Entropía pugnan por la Tierra, de igual manera que lo hacen en otros incontables mundos del Millón de Esferas. En esta monumental partida de naipes, la siguiente mano fue puesta en la mesa por los Señores de la Ley, que inspiraron a los pueblos bárbaros del Continente Central y les llevaron el progreso. A través de profetas, conocidos como los Iluminados, les abrieron los secretos de la agricultura, la forja, la navegación o la arquitectura a cambio de su adoración.

Surgieron así los llamados Reinos de la Ley, que después de muchos siglos de guerras acabaron unificados gracias a la labor del rey de Tilo, Valentis, quien fundó el Imperio Central.

La Gran Guerra

Con el transcurso del tiempo, los herederos de Valentis fueron ampliando el Imperio Central hasta ocupar prácticamente todas las actuales Tierras Quebradas. La cima de su poder llegó con el emperador Sereno quien, ávido de conquista, descartó una guerra contra las tierras del Este y prefirió enfrentarse a los merení, que gobernaban en el Continente Norte y a los que consideraba más vulnerables.

Los merení, aunque de aspecto similar a los hombres, no pertenecen a nuestra especie. Son más altos y esbeltos, de ojos almendrados y formas más delicadas. Sus mentes son más claras y su sensibilidad a lo sobrenatural, mucho mayor. Llegaron a la Tierra huyendo de otro mundo, posiblemente poco después del fin de los Caídos. Su civilización era más avanzada que la del Imperio Central, pero sus normas morales, ancladas en la adoración al Equilibrio Cósmico, les había impedido expandirse.

La guerra no fue como el emperador esperaba. En sus gélidas montañas, los merení aguantaron el empuje de Sereno, en buena parte gracias a sus hechicerías, contra las que los hombres del Imperio estaban indefensos. Fue entonces cuando Elvio, un capitán de Sereno, experimentó una revelación y emprendió la búsqueda de un artefacto que cambiaría el curso de la guerra: la Espada Blanca.

Armado con esta arma, que anulaba cualquier sortilegio lanzado sobre su portador, Elvio puso en jaque a los merení. Sin embargo, la más poderosa de sus hechiceras, la princesa Maronia, consiguió capturarlo. La guerra no dejaba de dar giros imprevistos, y el siguiente no tardaría en suceder. Elvio, preso de los merení y enamorado de su captora, comprendió lo injusto de la contienda, renunció a la misión que le habían encomendado los Señores Blancos, y partió hacia el Imperio para tratar de convencer a Sereno de que pusiera fin al conflicto.

Lo que siguió, tal como se cuenta, fue una confusión de romance y política. Elvio estaba prometido con Azalea, la hija de Sereno, como recompensa por sus servicios, y esta, al descubrir el amor del héroe por la princesa merení, perdió el juicio consumida de celos. No se sabe quién convenció a quién, pero padre e hija colaboraron para tender una trampa a Elvio, asesinarlo y apropiarse de la Espada Blanca.

La sangre de Elvio llevó al Caos de una discreta presencia a una nueva entrada en escena. Maronia, loca de rabia, y al no poder lanzar a su pueblo a una sanguinaria campaña de venganza, renunció al Equilibrio Cósmico y abrazó a los dioses del Caos. Estos le proveyeron de ayuda sobrenatural y fabulosos poderes a cambio de su servidumbre. Maronia y sus seguidores fundaron el Imperio Escarlata, y prometieron reducir a cenizas el Imperio Central.

El fin de la guerra

El Imperio Escarlata, fortalecido por la deserción de varias regiones del Imperio y la misteriosa desaparición de la Espada Blanca, tras la muerte de Sereno, estuvo realmente a punto de tomar todo el Continente Central. Los dioses de la Ley, sin embargo, movieron pieza de nuevo. Silvino, sumo sacerdote del Sabio, el dios de la ciencia, aprendió, inspirado por los dioses, el arte de la teúrgia, y se lo enseñó a sus seguidores.

La teúrgia es una disciplina que permite la invocación de unas entidades de la Ley llamadas virtudes, capaces de habitar objetos inanimados y dotarlos de poderes, e incluso de dar vida a los ingenios mecánicos conocidos como autómatas. La teúrgia se convirtió en el contrapunto de la hechicería caótica y los demonios del enemigo, y permitió a Silvino, en primer lugar, frenar a Maronia, conocida ya como la Dama Escarlata, y en segundo lugar, hacerse con el control de lo que quedaba del Imperio. Silvino reformó esta vetusta unidad política, despojó a la nobleza de su poder y la convirtió en una teocracia, el llamado Patriarcado.

La Dama, desesperada en busca de ayuda, recurrió a la historia mítica de los merení, que afirmaba que su raza había sido aliada de unos seres sobrenaturales excepcionalmente poderosos llamados dragones. Con las pocas evidencias de las que disponía, envió a uno de sus mejores hombres, un merení de nombre Nourín, a una búsqueda a través del Multiverso para hallar a estos reptiles alados. Nourín los encontró, y renovó la alianza entre las dos razas, pero transformado por sus aventuras, el héroe volvió a la Tierra con sus propios planes.

De esta forma Nourín y los fornk, el pueblo de los dragones, trataron de hacerse con el control del Imperio Escarlata, pues consideraban la interpretación del Caos hecha por la Dama como corrupta y denigrante. No le faltaron aliados entre los que veían en sus tierras y gentes el efecto del Caos desbocado. Tras una guerra civil, Nourín y los que se llamaron a partir de entonces Merendrak se quedaron con el Continente Este. El Imperio Escarlata, debilitado y a la defensiva, se retiró del Continente Central y se refugió en la Isla Pluviosa, al noroeste del mundo. La Gran Guerra terminó, dejando el mundo completamente reconfigurado y dividido, y fue a partir de entonces que a estas regiones se las llamaron las Tierras Quebradas.

Mosca Mecánica. Ilustración de Daniel Puerta.